viernes, 1 de febrero de 2013

JÓVENES ALEGRES BAJO EL ORBALLO


En Galicia llamamos orballo a esa lluvia menuda, pausada, que en otras partes llaman “calabobos” y también “chirimiri” De orballo derivamos a la acción, orballar. En estos días orballó en Santiago. Todo el día orballando, tiempo propicio para calarse un sombrero impermeable, embutir las manos en los bolsillos y echarse a pasear por las rúas y disfrutar de lo íntimo del orballo.
Así estaba la Catedral ayer  Otros tiempos volverán
Las torres de la catedral se difuminan entre las nubes bajas, mientras los visitantes piensan que se encuentran con la cuidad en su más pura esencia… Yo les diría que se encuentran con “otra” ciudad, mas vacía, mas calmada, sin los ajetreos y griteríos consustanciales a peregrinos y turistas, pero la misma ciudad, fiel a sí misma, con una cara diferente según qué tiempo le toque vivir.
Las calles húmedas reflejan todo cuanto pueden reflejar, los suelos son espejos difusos de su entorno y algunos peregrinos anacrónicos pasean desangelados por la rúa del Vilar. ¿Son tardíos del 2012? ¿Acaso tempranos del 2013? No lo sé, en todo caso han venido fuera de época y encuentran muchos sitios cerrados. Se pasean por lo que llamo el “parque temático” turístico, similar en todas las ciudades que atraen visitantes y con las mismas ofertas mercantiles: camisetas con textos horteras, paraguas, supuestas gaitas, cds con música, buena música, de grupos locales, tartas de santiago y más paraguas en oferta del dos por uno. Gente que, después de la grata sorpresa del orballo ahora se siente como traicionada y sin saber a dónde ir.
Entro en una cafetería de la zona monumental. Encuentro el aire limpio, olvidados ya los humos de los fumadores de hasta hace poco. El murmullo de las conversaciones en voz baja habla de un público educado, culto. Son los estudiantes de hoy, de 2013, que saben del incierto futuro que tienen ante sí, pero que viven su presente con ilusión.
Miro los grupos que forman y quiero adivinar en ellos heterogeneidad de orígenes. De ciudad, de pueblo, de aldea. Sin ellos saberlo, están haciendo realidad uno de los principios biológicos claves en nuestras poblaciones: la ruptura de la consanguinidad. Buscando pareja en personas procedentes de otros pueblos, de otras localidades, obedecen al instinto que les lleva a la ruptura de la endogamia.
Siempre me gustaron los comportamientos que llevamos a cabo sin conocer su fundamento biológico. Uno de ellos es éste, el de romper la consaguinidad y originar nuevas combinaciones génicas (“mezclar las sangres”, que se diría en otros tiempos). También las discotecas situadas en zonas rurales, equidistantes de núcleos de población diversos, pretendiendo  captar su clientela entre jóvenes procedentes de ellos, tienen la misma base biológica: la ruptura de la consanguinidad.
…Como suele ocurrir, el biólogo que soy me ha llevado a pensar en temas biológicos a partir de lo que veo… Yo, que pensaba en el orballo…