martes, 18 de junio de 2013

POR EL CAMINO DE SANTIAGO: (XVI) CHIMENEAS VANIDOSAS

D. Ramón Otero Pedrayo fue un intelectual de considerable influencia en todos los ámbitos gallegos. Su obra es extensa y fecunda, comprendiendo desde el ensayo a las guías de viajes.
CON GALAS BARROCAS
En una ocasión, dijo de Santiago de Compostela que es la “aldea más grande de Galicia” y somos muchos los que creemos que tal definición sigue siendo completamente actual.
Una de las épocas de gran crecimiento poblacional de esta ciudad se corresponde con el siglo XVIII, cuando muchos campesinos desplazaron su residencia a ella. Emigraron desde el campo o desde la aldea, trayendo consigo costumbres y modos. Entre esos modos, está el deseo de simular que se es un triunfador, el afán de mostrar lo que se tiene, o lo que se aparenta tener.

Existe un razonamiento, tal vez lógico, según el cual el tamaño de la chimenea de una casa viene a ser un buen exponente del poderío económico de sus habitantes, pues a mucha chimenea, debería corresponder mucha cocina atendida con mucho dinero. Este era un sentimiento generalizado en las casas rurales de la comarca santiaguesa y cuando sus habitante ascendieron socialmente y “pusieron casa” en Santiago, se preocuparon de que tuviesen unas chimeneas tal vez desproporcionadas.
RURAL Y DESPROPORCIONADA
Esto que comento es algo que se puede ver si se pasea por el casco histórico de la ciudad, por cualquier calle, y es válido tanto para las casas de corte más rural como para los palacios barrocos del siglo XVII.

Como muestra, pongo unas cuantas fotos, pero, repito, paseando es posible ver decenas de chimeneas diferentes sin más parecido entre ellas que el de su desproporcionada magnitud. 
CON PALOMAR
ES FÁCIL VERLAS, ESTÁN AHÍ MISMO