sábado, 10 de agosto de 2013

POR EL CAMINO DE SANTIAGO. (XXIII) UN RECUERDO A D. ELÍAS VALIÑA

BUSTO DE D. ELIAS JUNTO AL SANTUARIO
Existen personas que, sin buscárselo, pasan a la historia por derecho propio. Suelen ser, siempre lo son, gente generosa que hace lo que le parece conveniente como sin darle importancia, como si cualquier otro lo hubiese hecho incluso, creen, mejor que él o que ella. Nunca se les ha ocurrido pensar que son personajes históricos también por eso, por servirnos de ejemplo de cómo se actúa, de cómo se derrocha generosidad y de cómo no hay que pedir nada a cambio cuando se trabaja por o para una idea.

D. Elías Valiña ha sido una de esas personas y voy a comentar algunas cosas suyas por las que debemos reconocerle. Sarriano de nacimiento, pronto ingresó en el Seminario de Lugo para acceder al sacerdocio, obteniendo siempre las más altas calificaciones. Posteriormente alcanza el grado de doctor con una tesis doctoral que estudiaba el Camino de Santiago bajo el doble aspecto histórico y jurídico. Era el año 1965 y D. Elías Valiña contaba 36 años de edad. Desde 1959 era párroco de O Cebreiro.
Tal vez no faltó quien le augurase un brillante futuro en Lugo, sede de
la Diócesis. No obstante, D. Elías, que gustaba ser conocido como "el cura de O Cebreiro", nunca pretendió salir del ámbito de su parroquia y, cuando lo hizo, fue debido a motivos de estudios y para dar a conocer el tema de su preocupación intelectual: el Camino.
Porque, y aquí empezamos a ver la importancia de cuanto hizo, D. Elías era consciente del significado que el Camino podía tener en la Europa del siglo XX y en la de tiempos venideros. Por más que he querido conocer qué motivos guiaron sus hechos, no los encuentro salvo el haber poseído una gran fe en el significado del Camino y tener una sólida confianza en que ese significado se mantendría en tiempos futuros.
PLACAS DE HOMENAJE AL PIE DEL BUSTO DE D.ELIAS
Hasta su época, el Camino había sido considerado como un fenómeno terminado, algo que debía ser estudiado en el marco de la historia como un fenómeno propio de tiempos idos. D. Elías quiso contagiar a todos cuantos estaban con él su fe en un Camino que, viniendo del pasado, se proyectase hacia el futuro con una pujanza cada vez mayor y un significado propio de este tiempo.
MONOLITO CON PLACAS
DE HOMENAJE
Convenciendo a unos y a otros, consiguió que se reconstruyesen el santuario y el poblado de O Cebreiro y que las pallozas que quedaban en pie fuesen acogidas bajo protección oficial. En ellas se instalaron diversas entidades culturales, mientras que sus antiguos habitantes fueron realojados en casa acordes con los tiempos de hoy.
Hizo que el Camino comenzase a ser conocido como algo actual, no de otro tiempo. Al principio en soledad y con la incomprensión de muchos, comenzó a desarrollar una actividad consistente en darlo a conoce. Conferencias y publicaciones fueron sus medios para hacerlo y, con el tiempo, se empezó a hablar de sus actividades. D. Elías se movió de un sitio a otro por Europa hablando siempre de su tema mejor conocido: EL Camino de Santiago. Muchos libros y guías referentes a él y que hoy vemos en manos de peregrinos, son obra suya. Se le consideró como un experto conocedor de la senda, en especial del que conocemos como Camino Francés.
Fue en 1984 cuando inició la señalización del camino mediante flechas de color amarillo. Hoy esas flechas jalonan el Camino y todos quienes han pasado por él, las conocen como algo familiar, casi entrañable, en su ruta. En Galicia, el trayecto marcado por las flechas se considera la indicación más fiable del Camino.
Fundamentalmente humilde y asequible, cuando fue objeto de algún tipo de homenaje, casi pedía perdón por recibirlo. Nunca, creo yo, fue consciente de la trascendencia de toda su labor a favor del Camino en todos los aspectos.
Entre el Santuario del Cebreiro y la hospedería hay una pequeña parcela con su busto y gran cantidad de placas, procedentes de asociaciones o entidades, que le reconocen sus méritos y le rinden homenaje. También hay un monolito con placas diversas reconociendo y alabando su labor. 
Siempre que veo flechas amarillas señalando la dirección del Camino pienso en este hombre que, sin quererlo ni proponérselo, ha entrado en su historia tal vez por hacer calladamente lo que él pensaba que debía de hacer. Sólo por eso merece mi respeto y admiración, porque, además, nunca pidió nada a cambio.
+ + +

D. Elías está enterrado en el interior del santuario, a los pies del altar situado en el ábside izquierdo. No soy quien para decir cómo deben hacerse las cosas, pero hace poco tiempo le pusieron unas barras metálicas sosteniendo una cadena que mejor que no se hubiesen puesto, pues las barras parecen ridículas y la cadena hace pensar en las que se venden por metros en cualquier ferretería de arrabal. Sin las barras y la cadena, la tumba estaba mucho más digna, por sobria.