miércoles, 23 de abril de 2014

ENSOÑACIONES EN ITÁLICA

EVOCACIONES, EVOCACIONES
A veces no queda mal desconectar con el entorno e irse a las raíces de uno mismo. En ese sentido, visitar Itálica es algo que siempre me ha venido muy bien cuando estoy en Sevilla.

Cada visita es singular por causas muy concretas, pues aunque el monumento no cambia, soy yo quien va cambiando y veo las cosas de diferente manera. Por eso en Itálica, como en otros lugares que me impresionan, me encuentro conmigo mismo, con el que soy y con el que fui.

En esta ocasión dejé la cámara de fotos en el hotel, ya tengo suficientes fotos de allí, e iba dispuesto a no dejarme entretener buscando encuadres o atractivos juegos de luz, que pudiese encontrar.

Éramos pocos los que estábamos aquel sábado. Los más, una excursión de jubilados a quienes llevaban, traían y terminaron subiendo a un bus para irse a otra parte con su bullicio.

Entonces, se implantó un silencio que fue como un regalo. En aquel sosiego era hermoso pasear por la ciudad, o por lo que  fue. 
Entre ruinas y lo que queda de columnas y estatuas, es sencillo imaginarse la ciudad en pleno esplendor, antes de que desde Sevilla se saquease todo cuanto se pudo saquear en cuanto se pudo hacer. Columnas y capiteles de Itálica los podemos ver hoy, con ojos perspicaces, por diversas calles o patios sevillanos. Pero nunca me rasgo las vestiduras por eso, también ha sido un modo de preservar esas piezas. Sucedió como ocurre en todas las ciudades en las que una cultura substituye a otra y se sigue con el juego de vencedores y vencidos. Juego cíclico donde los haya y en el que el vencedor de hoy no tiene claro qué papel jugará mañana.

No puedo dejar de evocar aquello de "éstos, Fabio, ¡ay dolor! que ves ahora campos de soledad, mustio collado..." Canto a las ruinas de Itálica. Y a las de tal sitio y a las de tal otro. ¿Tenemos que esperar que se arruinen para mostrarles nuestra preocupación y respeto? A veces me asombra ver qué iguales somos a nosotros mismos por mucho que transcurra el tiempo.
JUGARÍA ADRIANO POR ESTA CALLE,
O TRAJANO, O TEODOSIO?

Tres emperadores nacieron en Itálica: Trajano, fundador de Triana, Adriano y Teodosio. Los imagino cuando fueron niños, correteando por el empedrado de las calles. ¿Qué idioma utilizarían? Latín, naturalmente, pero me gusta pensar que "su" latín tendría un gracejo especial que les identificase como procedentes de la Bética cuando llegaban a Roma. Como hoy. No vamos a pensar que en todo el Imperio se hablaba con la misma entonación. 
LES GUSTARON Y NOS GUSTAN

En ciudades como ésta, y en otras tantas, se fraguaron nuestras identidades culturales, nuestros modos y nuestros gustos. Siempre me ha gustado pensar que veo hermosos los mosaicos de Itálica (Como los de Lucus, de Conímbriga y más) y tal vez sea porque hemos heredado un sentido estético muy concreto que nos define como pertenecientes a un tronco cultural común. Lo mismo que nos gustan los colores con que están adornadas las teselas. Procedemos de ellos y, entre otras cosas, nos han legado el gusto por lo bello y, más importante, su concepto de bello.

Siempre, y esta vez también, me asombró su anfiteatro con un
ANFITEATRO
aforo de 25.000 personas, un número mayor que el de habitantes de Itálica. Me pregunto qué movimientos de gente habría cuando se anunciaban festivales. Con los medios existentes hoy, no todos los estadios de fútbol alcanzan esos aforos, pero ya sabemos que los ciudadanos de entonces pedían a su Emperador "Pan y Circo". Las cosas no han cambiado tanto en cuanto a lo que pedimos a nuestros gobernantes. Pan y entretenimiento.