VISTA GENERAL DE LA COLECCIÓN |
Con mucha frecuencia visito el Museo Provincial de
Lugo. Ya cuando adolescente, acostumbraba a ir los jueves, pues ese día la visita era gratuita. He asistido a cambios, he visto pasar a sus vitrinas objetos que
conocí en sus lugares de origen y, en general, me siento muy a gusto en él.
Hoy me he parado a contemplar su hermosa colección
de relojes de sol, que está situada en una de las paredes del claustro. Una
colección magnífica y difícil de conseguir, creo yo, debido al menosprecio que
se suele mostrar hacia estos objetos ya inservibles. Inservibles para algunos
que tienen la osadía de catalogarlos de ese modo patán, claro. Inservibles, tal
vez, para el día de hoy, pero muy indicativos si los miramos con cariño, con
otros ojos y como exponentes de un tiempo ya terminado.
TRES EN UNO SABIDURÍA APLICADA |
Son muy bonitos todos ellos y están esculpidos en
granito o en pizarra, arriesgada tarea, pues en pizarra, un golpe mal dado
haría saltar una esquirla de la pieza, llevándose todo el trabajo realizado, o
desbaratándolo. En sus tallas abundan los temas mitológicos y otros mas
populares, como los geométricos buscadores de simetrías, siempre comprensibles.
Casi todos realizados en los siglos XVII y XVIII, a
veces me he preguntado que para quién medirían el tiempo en aquel tiempo. Son
relojes procedentes de pazos, de residencias de poderosos, de quienes marcaban su
paso, creyéndose los amos del tiempo. ¿Qué sentido tenía para esa gente conocer
ese transcurrir si eran ellos quienes marcaban sus cadencias? El tiempo, su
medida, siempre fue monopolio del poder, político o eclesiástico. El poseer
reloj, siempre fue signo de singularidad. Cuando se quiso que el conocimiento
de su discurrir fuese de acceso general, se colocaron relojes en las sedes del
poder, en torres altas, para ser vistos desde todas partes. Torres que por
tenerlo, se llamaron y se siguen llamando “del reloj” El poder repartía
información y se debilitaba. En las grandes catedrales europeas, estoy pensando
en la de Estrasburgo, hay relojes en los que, además de darnos indicación del
inmediato paso del tiempo, nos recuerdan su paso trascendente. Siempre regalando
miedo,
MITOLÓGICO Y RURAL |
Viendo esos relojes del Museo lucense, me pregunto
quién ajustaría sus horas, qué criterios seguiría para esculpir los diferentes
surcos correspondientes a ellas, cómo serían quienes los interpretasen en las
distintas épocas del años. Y, sobre todo, cómo serían los tiempos que midieron.
Los tiempos de la época, los del pazo. y los de cada uno.
Los tiempos de la época sólo se ven cuando ya han pasado.
Nosotros, los de cierta edad, sabemos que hemos vivido lo que ahora se define
como “la Transición” para delimitar una época, pero entonces no fuimos
conscientes de estarla viviendo. Así ocurre con todos los tiempos.
Los tiempos del pazo, de la casa, de la familia, son más abarcables para sus componentes y nunca se miden por los años como número. Las distintas épocas se miden por hechos de trascendencia familiar, “cuando la boda de…” “la muerte de…” son hechos que marcan inexorablemente un antes y un después, no necesariamente de la misma duración temporal, ni de similar intensidad. En esos tiempos, los adversos parecen ser más largos y semejan transcurrir más lentos que los felices.
DE PIZARRA |
Los tiempos de cada cual forman parte de las historias personales, a veces, incluso, de las secretas. Pero también vienen marcadas por hechos, más que por números ordinales. “Cuando el bachillerato”, “mis años en Barcelona”, me indican unos períodos de vida bien delimitados y, por tanto, definidos.
Imagino esos lujosos relojes que ahora veo en el Museo. Siempre fueron considerados de ese modo, adornando jardines y lugares a donde pudiesen llegar los rayos del sol. Me pregunto si medirían, servirían de símbolo de poder o si, más fundamental, presidirían.
Tal vez estuvieron en sus sitios no para informar del
paso del tiempo del momento, sino más bien para recordar su paso inexorable
para todos. No en vano muchos tienen esculpido el mismo lema “TEMPUS FUXIT”
No hay comentarios:
Publicar un comentario