viernes, 21 de abril de 2017

Lo misterioso

El Diccionario de la Real Academia Española, nos dice que la ciencia es un: “Conjunto de conocimientos obtenidos mediante la observación y el razonamiento, sistemáticamente estructurados y de los que se deducen principios y leyes generales con capacidad predictiva y comprobables experimentalmente.”

Yo me pregunto qué espíritu mueve a la Ciencia y a sus profesionales, los científicos. Desde el siglo V a.C., los filósofos jónicos, desafiando a sus sacerdotes, dijeron que los fenómenos naturales se podrían explicar mediante causas también naturales. Hoy llamamos Ciencia al afán de encontrar esas causas y guardarlas como un patrimonio de todos. En este blog, la he definido varias veces como un intento de explicar el entorno, utilizando para ese empeño los diferentes recursos de que disponemos.

Es curioso, para los señores de la Academia, la Ciencia es algo ya hecho. Otros, sin embargo, la consideramos en constante formación. Por eso, la definición que nos aporta el Diccionario la completamos con esta idea “utilizando para hacerlo los diferentes recursos de que disponemos”.


Alguien puede preguntar que, si acaso aparecen nuevas técnicas de estudio, ¿qué ocurre con los supuestos conocimientos previos? Pues simplemente, se comprueban a la luz de esas nuevas técnicas. Pueden ocurrir dos cosas, o bien las técnicas rechazan los anteriores teorías, como ocurrió con los resultados obtenidos por Hubby y Lewontin y que he comentado, con lo cual hay que replantearse muchas hipótesis, o bien esas nuevas técnicas confirman lo anteriormente supuesto que, de este modo, va robusteciendo su veracidad.

PIEDRAS BEZOAR
Así, poco a poco, la Ciencia avanza y explica así como ayuda a predecir. En cuanto sabemos las variables que rigen un fenómeno, podemos estudiarlas y, cuando se dan esas condiciones que conocemos, podemos predecir. Desde enfermedades a tormentas. Cuando estamos ante procesos desconocidos, no hay modo de predecir. ¿O sí?

Es cuando entra en juego el misterio, lo misterioso y múltiples variables que vienen de lejos en el tiempo. Muchas de ellas están superadas, como la piedra bezoar, el flogisto o el vitalismo. Ideas que tuvieron una fuerte incidencia en el mundo científico y hoy son puro, y respetado, recuerdo. Otras, como los horóscopos o el tarot inciden en la vida de las personas en tanto seres particulares. Aunque respeto esas opciones, no las creo en absoluto. Recuerdo a un muchacho que me explicaba su incompatibilidad con una chica debido a sus diferentes signos zodiacales. Vaya, qué desgracia.

ES POSIBLE PREDECIR LA OCURRENCIA DE
TORMENTAS
Algunas cosas son ciertas y tienen su fundamento. Los niños nacidos en abril y mayo, suelen ser fuertes. Lo dice su horóscopo. Claro, a los pocos días de edad ya están respirando aire libre y recibiendo el efecto del sol. Por la contra, los nacidos en noviembre o diciembre, pasan sus primeros meses con estufas, cuando las tienen,  y sin ver el sol, haciendo que sean niños enfermizos o no muy fuertes, como suele decir su horóscopo.

No sé mucho de esto, pero hay algo que me duele y quiero comentar. La gran cantidad de personas que reniegan de la Ciencia y se acogen a los misterios, ya superados, del pasado. Parece como que esas muletillas conceptuales les ofrecen una seguridad que les niega la ciencia.

Vuelvo a lo de otras veces. ¿Desde cuándo la ciencia ofrece seguridad? Pidámosle veracidad, métodos de cálculo, procedimientos para conocer, pero nunca le podremos pedir seguridad, pues es algo que no es posible que nos ofrezca. En todo caso, nos ofrecerá una probabilidad de que ocurra un hecho concreto: una curación, una cosecha, un vendaval. Pero, el hecho de que haya quienes prefieren “lo misterioso” es algo que siempre me ha llamado la atención. No dudo de que muchas personas acuden a la Ciencia como a un refugio, buscando en ella seguridad y resguardo, y no es eso.

Hay muchos fenómenos que atribuimos al azar. Para mí, hacer eso es un modo falsamente elegante de asumir que desconocemos sus causas. Hay fenómenos que hasta hace poco fueron atribuidos al azar, y hoy conocemos su naturaleza, sus variables, y podemos predecir su ocurrencia. Espero que sigamos acorralando al azar en casos similares, conforme vayamos conociendo las causas de los fenómenos.

Pero hay quienes prefieren ver lo misterioso en todo. Las grandes magnitudes les resultan increíbles, como los millones de años, así como las pequeñas, como las millonésimas de milímetro. A mí, personalmente, tal vez por mi tipo de estudio, los millones de años son cantidades a los que estoy conceptualmente acostumbrado y tres millones me parece un lapso corto de tiempo. En ese plan, a lo que no me acostumbro, es a las cantidades infinitesimales, tanto en el tiempo como en las dimensiones, aunque sé que esas cantidades nos miden distancias de estructuras celulares o moleculares, o nos informan acerca de velocidades de reacciones biológicas. Lo admito, lo respeto, no lo comprendo, pero lo creo.

¿TRAE MALA SUERTE ESTE POBRE?
No entiendo que haya personas que, al no entender algo, y por eso mismo, lo rechacen plenamente. Como resultado de su rechazo, suplantan la información por “el misterio” y quedan tan conformes. No lo sé, pero lo mismo que la Ciencia no está para darnos tranquilidad, sí creo que una de sus funciones es imbuirnos de humildad al indicarnos cuál es nuestro sitio en el mundo, en el Universo.