viernes, 1 de marzo de 2013

POR EL CAMINO...


Me gustan los paseos de rutas cortas, los de volver a casa por la noche, después de haber pasado un día fuera. En este plan, me gusta andar por el cercano Camino de Santiago, sus aldeas y monumentos, que creo conocer siquiera superficialmente. Siempre me han dado motivo de reflexión, por eso tengo cariño a esos entornos llenos de evocaciones.
CEMENTERIO DE PADORNELO
El Camino ha originado grandes núcleos de población, como pueden ser León, Astorga o Santo Domingo de la Calzada. Pero también ha dado lugar a pequeños enclaves, puede que hoy olvidados por muchos, como son Liñares, Padornelo, Leboreiro y tantos otros. Esos pequeños lugares me gustan y me atraen por eso, porque me obligan a reflexionar sobre ellos mismos y su historia, tan común a todos ellos.
Su estructura urbana, si es que puede llamarse así, es siempre homogénea: una porción de Camino flanqueada de cuatro o cinco casas, la iglesia y nada más. En Galicia, alrededor de la iglesia está el cementerio, en otros lugares, éste está algo alejado del núcleo de población. Pero en cuanto se entra en tierras galaicas, salta a la vista la familiaridad que desde siempre existe en esta parte del mundo con los habitantes de ultratumba. Vivos y muertos confundidos en el mismo poblado.
Me gusta visitar los cementerios rurales, son el último reducto de la actividad de los escultores populares, de los canteros que quedan. En lápidas de granito se imprimieron las últimas tendencias ornamentales plasmadas por un oficio casi en trance de desaparición. Hoy, junto a lápidas antiguas, hermosas y bien trabajadas, aparecen panteones modernos, de catálogo y corte urbano, instalados por industrias con fines muy diferentes a los de rendir un homenaje de cariño a los difuntos de cada casa. Hasta los muertos sufren los efectos de la globalización y su falta de sentimientos.
En Padornelo, en pleno Porto do Poio, vemos la estructura del lugar con alguna reminiscencia ajena. La iglesia, con espadaña para tres campanas, está justo a la entrada del lugar. El caminante, según avanza por el lugar camino de Compostela, va encontrando casas, pocas, y al final le despide un cementerio solitario de planta ovalada. Es el único exento que conozco con este tipo de planta. Cuando rodea la iglesia, se ciñe a las posibilidades del entorno, pero puestos a dotarlo de perímetro, me resulta extraño este óvalo, estoy acostumbrado al cuadrangular. Pero dejemos los cementerios.
Puerta. Liñares
Pienso en siglos pasados, el XIV, por ejemplo, con caminantes que venían a Compostela, o que iban a Roma (Todos los caminos llevan a Roma, se sigue diciendo) o que, incluso, se arriesgaban hasta Jerusalén. Aquellos aventureros por mil motivos, trazaron arterias de comunicación entre los pueblos, llevaron nuestros romances de un lado para otro, nos trajeron leyendas de más allá de los Pirineos, y comenzaron a configurar lo que hoy llamaríamos el primer espacio cultural europeo, aunque entonces nadie pensara en espacios culturales y mucho menos en que fueran europeos. Esos conceptos vendrían mucho más tarde.
Les bastaba con caminar con rumbos y metas fijas. Hoy vamos por caminos a ninguna parte, atolondrados, casi con el norte perdido, sin recordar que “el norte” es la guía indefectible de los navegantes. Muchos caminantes de hoy lo han perdido y no lo saben. Por eso no lo buscan.
Puerta. Leboreiro
Muchos de estos lugares están hoy abandonados, o casi, Se adentra uno por su calle y no ve a nadie entre sus casas. En todo caso, suena un taladro a lo lejos, muge una vaca en algún establo y un perro somnoliento nos mira sin molestarse mayormente. Hay indicios de vida, alguien que vive, pero no sabemos nada más. En lugares más poblados siempre hay una tasca que también vende bocadillos y, donde al despedirnos, el tabernero nos recuerda dónde estamos o por dónde vamos:
        -    Buen Camino…
Es el saludo de siempre en este itinerario, al que nos hemos acostumbrado como si fuese una caricia o una consigna entre quienes estamos a lo mismo. Haciendo Camino al andar.