viernes, 16 de enero de 2015

BALCONES REALES (LEYENDA COMPOSTELANA CASI OLVIDADA)

A veces sólo vemos lo que queremos ver. En otras ocasiones, ni eso.
Me explico. Hay una prueba documental de un hecho curioso, tal vez desafortunado, pero que está ahí y que sería muy del gusto del turista actual y que más de un guía ilustraría con comentarios personales, pero todo queda en eso. Nadie lo ve porque, tal vez, nadie lo quiere ver o lo prefiere mandar al sitio del olvido o, simplemente, por eso, porque no lo ve.
Vamos a ver, ¿Quiénes, de entre los compostelanos, conocen a Lola la Perillana? Creo que nadie. La verdad. Voy a relatar algo de su historia en cuanto se relaciona con el patrimonio compostelano.
FACHADA DEL HOSPITAL REAL
LAS CADENAS DEMARCAN EL ESPACIO CON DERECHO DE ASILO
Pero antes, conviene dar un repaso al lugar en que incide su actuación: el Hospital Real, hoy Hostal de los Reyes Católicos. Se construyó este edificio en las postrimerías del siglo XV y su estilo comenzó siendo gótico, aunque con los retrasos de las obras, los pisos altos fueron de un nuevo estilo emergente, el renacimiento. Este nuevo estilo no está muy presente en Galicia, ciñéndose casi en exclusiva a edificios diseñados por arquitectos foráneos que actuaban en obras de promoción real. Este es el caso del Hospital Real.
Cuando Isabel y Fernando vinieron a Galicia, visitaron O Cebreiro, donde regalaron los relicarios que aún se mantienen en uso, hicieron escala en el Monasterio de Samos para, finalmente, llegar a Compostela. Allí debió impresionarles la penuria de hospedajes que había en la ciudad, y decidieron construir este Hospital. En él se cobijarían peregrinos, se les daría de comer y, también, se intentaría que curasen sus males. En aquella época, los Hospitales dispensaban más servicios que hoy, y no solo a enfermos. Los Reyes lo colmaron de privilegios, entre otros el derecho de asilo, acotando su espacio delantero por una gran cadena sostenida por elaborados soportes, demarcando de este modo el terreno protegido.

ACCESO AL BALCON CON ORNAMENTACIÓN BARROCA
El edificio era de planta baja y un piso. En su interior, albergaba cuatro patios. Una hermosa fachada plateresca adornaba (y adorna) la entrada. En el primer piso había  cuatro balcones independientes a los que se accedía por sendas puertas preciosamente adornadas con estructuras renacentistas, como columnas exentas, esculturas y tímpano triangular. Todo ello confería belleza y modernidad a la fachada. Debió ser bonita, pero hoy no queda casi nada de ella.
En el siglo XVIII se revolucionó la apariencia compostelana. Las fachadas se modernizaron. Decir modernizaron, quiere decir que se pusieron al gusto de entonces, claro, dándoles como un tinte barroco. Por ejemplo, los balcones empezaron a gustar corridos, uno solo en la fachada, o dos si la altura de la ornamentación de la puerta interrumpía la posibilidad de uno solo. Es lo que le ocurrió a la fachada de San Xerome, también en la plaza del Obradoiro, justo frente al edificio que nos ocupa. 
BALCONES CORRIDOS EN EL HOSPITAL REAL
Esto de los balcones ocurrió en los edificios que albergaban instituciones civiles. Mientras los monasterios continuaron con pequeños balcones en sus fachadas (Samos, Oseira, Armenteira, etc.), las sedes de instituciones civiles, como el Ayuntamiento de Lugo, el Hospital Real o San Xerome, por citar algunos casos, quisieron balcones amplios para, de este modo, poder salir a lucirse todos los miembros de los comisiones rectoras cuando tuviesen ocasión, como en fiestas de todo tipo.
Como decimos, al Hospital Real también le llegó esta fiebre renovadora. De entrada, se eliminaron los cuatro balcones y se transformaron en dos que corrían a ambos lados de la fachada. Se puso una gran cantidad de soportes para esos balcones, que fueron de piedra y hermosamente esculpidos. Las puertas de acceso a los balcones también se orlaron con adornos barrocos, pero no todas.
ACCESO RENACENTISTA AL BALCON
 CORRESPONDIENTE
A LAS HABITACIONES DE LA PERILLANA
Es aquí donde entra en escena Lola, la conocida como Perillana, una mujeruca de baja extracción, ya se me entiende, que había sorbido la cabeza al maestro de obras. Conforme fueron acentuándose los amores, la Perillana se hizo más y más asidua al Hospital Real de modo que llegó a pasear por las obras como si dependiesen de ella. Pronto consiguió instalarse en unas habitaciones situadas en el ala izquierda del edificio, con dos balcones y vistas a la plaza y al monte Pedroso. En su encaprichamiento, mandó detener las obras en sus habitaciones, no quería ver ni a un obrero en ellas.No era tonta Lola, cualidad que suelen tener estas mujeres.
Luego, transformó sus habitaciones en un lugar de lujo, donde no pocos compostelanos querían ser recibidos. Ella, los agasajaba con mesa y bodega, música, cantos y jaleos que se prolongaban hasta bien entrado el amanecer. El dinero para atender los gastos salía del presupuesto de las obras, que llegó a agotarse y fue preciso detenerlas cuando aún no habían terminado.
COEXISTEN AMBOS TIPOS DE ACCESO AL
 BALCÓN. A NADIE IMPORTA
Se nota la detención de la reforma, pues los balcones que daban a las habitaciones de la Perillana quedaron sin modificar, como se ve cuando se mira la fachada con detenimiento.
Hoy muchos reniegan de ella, incluso han conseguido casi que se olvide. Para otros, yo entre ellos, su loca actividad consiguió dejarnos una prueba de cómo fueron esos balcones iniciales, por lo que le estamos agradecidos. Están alli, en la fachada, y los vemos sin necesidad de recurrir a grabados antiguos o a descripciones de terceros. Quien vaya hasta alli puede verlos.