sábado, 15 de agosto de 2015

En memoria de Laura y Marina

 Son algo mío, aunque no las haya conocido ni, desgraciadamente, las llegaré a conocer.

Hoy no quiero hablar de arte, el producto sublime del hombre, ni de ciencia, el resultado del silencioso esfuerzo humano, que busca mejorar nuestras condiciones de vida en todos los aspectos. No estoy para hablar de eso, cuando en mi entorno hay personas que sufren, o que han perdido su vida por causas inexplicables.

Quiero hablar de esta lacra humana que llamamos, de modo genérico, violencia de género y de algunas de sus víctimas. Mujeres muertas en manos de aquellos con quienes quisieron compartir su vida. Lo quisieron en momentos de ilusión. Luego, las cosas se fueron torciendo.

Tal vez una mala educación que preparó a los chicos para ser los reyes de la casa. Un mal asumido rol masculino cargado de vanidad y engreimiento, que no perdona ser abandonado. Unos celos desorbitados (siempre lo son), que no admiten que haya alguien que pueda gustar más. Miles de motivos son capaces de impulsar la mano asesina.

¿Y ellas? Nunca comprenderé que no haya denuncias, por más que se insista en que las llamadas al número (016) no deja huellas en recibos ni facturas. Tal vez concurra una mala educación de hacerles creer a las niñas que han nacido para ser "descanso del guerrero", obedientes y sumisas a sus más mínimos deseos. No lo sé. Abnegadas, nacidas para hacer feliz...

Tal vez, y sin tal vez, hay siglos de cultura a favor del trato de propiedad por parte de los hombres hacia unas mujeres indefensas también hoy.

Recuerdo a una cantante famosa que, en TV1 decía que su marido nunca le había pegado. Luego, completaba lo dicho indicando que ella “nunca le había dado motivo”. Esto es para pensar. Para ella había motivos que justificarían la paliza.

Frases como “la maté porque era mía” no se refieren a animales domésticos. Todos sabemos que hablan de una mujer. Pero hay canciones que lo dejan bien claro “si me pega me da igual…” es un ejemplo de esto que digo. Y no es solo en nuestro país donde ocurren estas cosas. Recuerdo que la canción Delilah, cantada por Tom Jones, nos planteaba el testimonio de un hombre que acababa de matar a su mujer en un arranque de celos. Años y años de tradición asesina, casi justificada, cuando un hombre se siente (supuestamente) ultrajado en su hombría.

En estos casos, como biólogo que soy y que como tal me siento, me gusta escrutar en la escala zoológica, buscando comportamientos similares. Repito lo dicho aquí en más de una ocasión. El hombre es el único ser de la Naturaleza que matar por matar, como castigo o como venganza. El único. Otros animales lo hacen para comer o para defenderse.

Pero en los humanos, parejas a la inteligencia se han desarrollado otras cualidades mentales que no tienen otros animales, como es el sentido de propiedad, que a veces puede llegar a ser enfermizo, como en estos hombres que matan por matar, como castigo o como venganza al verse ofendidos en su hombría, supuestamente intocable.

A veces, es tal el sentimiento que tienen estos hombres de haber cumplido un destino, que ellos mismos se entregan a las fuerzas del orden. Me resulta espeluznante todo esto. En estos días se leen y se escuchan comentarios. Pero que a los que piden justicia yo les diría que justicia no es venganza.


No soy capaz de encontrar soluciones a esta lacra. Pero seguro que existen profesionales que sí lo son. Ojala se tome este problema como lo que es y se plantee la búsqueda de soluciones. Esto de ahora es insufrible.