jueves, 29 de diciembre de 2016

Adornos callejeros

La belleza de un lugar me la marcan múltiples variables. Digo “me la marcan” porque no pongo en duda el componente personal en eso de captar la belleza, o mejor aún, de definirla antes de ser capaz de verla. 
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Lo he dicho en múltiples ocasiones: me gusta pasear por mis ciudades, por aquellas que me vieron de niño, en cuyas calles crecí y por las que sigo caminando, conviviendo y compartiendo preocupaciones. Soy fiel a determinadas rutas, esquemas y señales. Creo conocer buenos ángulos para captar fotos, las horas apropiadas para hacerlo, las mejores orientaciones para seguir una calle. Todo muy personal, como muy maniático, pues asumo, cómo no, que a otras personas todo esto les gusta de diferente modo, si es que se han parado a pensarlo. 


COEXISTEN ANTIGUA Y MODERNA

Me gustan las calles por sus proporciones, su anchura y la altura de sus edificios. Me gusta su trazado y los diferentes elementos que la jalonan que hacen que esa calle, o esa plaza, pueda ser consideraba bella. Fachadas, fuentes, adornos, suelo, sonido, dirección del sol a lo largo del día y más detalles, hacen que tales lugares me resulten más agradables que otros. Eso me ocurre en todas las ciudades que conozco y visito con cierta regularidad.


ME GUSTAN ESAS BORLAS EN EL LAZO

Porque todos, supongo, mientras charlamos o paseamos sólos o en compañía, dejamos que nuestros ojos se recreen en lo que ven, descubran novedades o ausencias y vayamos haciendo inventarios, actualizándolos, de todo cuanto adorna nuestra ciudad y hace de ella un conjunto hermoso o mejorable. Al menos yo hago eso en mis paseos sosegados por las calles de Lugo, Santiago, Córdoba, Ponte de Lima y tantos otros lugares. Hay detalles que miro, en los que no me canso de encontrar recreo. Incluso, si voy en compañía, nunca dejo observar, de pasada, estos objetos que jalonan mi buen paseo.
FILIGRANA
Voy a hablar de unos de ellos que encuentro en cualquier ciudad de Galicia, tierra en la que la lluvia ha generado diversas estructuras urbanas para canalizar el agua que cae sobre los tejados. Una de ellas son las gárgolas, de las que tenemos una magnífica colección en edificios compostelanos, recogidas en una entrada de un blog amigo, cuyo enlace coloco al final de este artículo. Pero las gárgolas son propias de palacios y edificios señoriales. En otras situaciones, el agua baja desde los tejados hasta el suelo mediante bajantes que suelen ser de zinc, fibrocemento o pvc. Es curioso, en ambos casos, tanto gárgolas como bajantes vierten sus aguas directamente en las calles y no creo haber oído protesta alguna sobre las supuestas molestias que puedan generar esos chaparrones adicionales caídos desde los aleros.

DE ARRIBA ABAJO,
PURO ADORNO

Si hablamos de bajantes, que vierten en las aceras, en las ciudades gallegas, (no sé nada de las de otras zonas), es costumbre protegerlas con piezas acanaladas de hierro fundido que se llaman "guardacaños" y suelen ser de fundición. También se conocen como “salvabajantes”. Suelen estar pintadas en negro y se utilizan normalmente en edificios propios de la zona monumental de las ciudades. En realidad, fueron de utilización obligatoria hasta bien entrada la segunda mitad del siglo pasado. Modernamente, se substituyen por piezas de aspecto prismático, de pvc, hierro galvanizado o acero, que reciben el petulante nombre de “embellecedores” y yo pienso en aquello de "dime de qué presumes…"

COEXISTENCIA
INAPRECIADA

Los guardacaños son bonitos, útiles y confieren un cierto tono de elegancia a los laterales de los edificios. Además, proceden de diversas fábricas que ponen en ellos sus señas de identidad, tales como el nombre o algún tipo de adorno que hace las veces de logotipo empresarial. Cualquier persona adiestrada en estos tipos de aparatos, es capaz de decirnos cuál es la fundición originaria del mismo.
MAS BORLAS, OTRO
LAZO
Me gusta pasear por calles de Lugo, Compostela, Betanzos, Cospeito o por donde sea, ir charlando y como si nada, saludar con la mirada, como acariciándolos, los guardacaños que voy encontrando. Casi todos conocidos, aunque siempre hay alguno, singular, desconocido hasta entonces. También la belleza de la casa queda completada en esos detalles, nunca superfluos. Corresponden a una época en la que los mismos vecinos contribuían a su modo a embellecer las calles.

SECILLO, JUNTO A UN EMBELLECEDOR
En esta entrada pongo fotos de diferentes guarsacaños fotografiados en Lugo y en Compostela. Pensé en poner la dirección de la casa en la que puede encontrarse cada uno de ellos, pero he decidido no hacerlo. Así animo a quien me lea que, al pasear, los busque con la certeza de que encontrará esos mismos u otros tan hermosos.

EMBELLECEDOR, COMO
 SU NOMBRE INDICA

Tal vez, incluso alguien se sorprenda de no haberse fijado antes en estos objetos que, a su modo, contribuyen a embellecer nuestras calles. Es lo que ocurre, estaban ahí desde siempre y no los hemos visto. Y así tantas veces…

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As gárgolas de Compostela