viernes, 16 de diciembre de 2016

Una idea abandonada, el vitalismo.

Cuando Newton descubrió que todos los seres estaban sujetos a la acción de una fuerza a la que llamó gravitación universal, (la gravedad), muchos estudiosos de animales y plantas indicaron que éstos, los seres vivos, también estaban sujetos a una fuerza interior, que era la que les proporcionaba la energía suficiente para poder desarrollar sus actividades y, de esta manera, poder vivir. 


CUSTODIOS DEL SABER

A esta fuerza, de naturaleza indefinida, se le llamó fuerza vital y vitalismo a la doctrina que la propugnaba. Según esta teoría, la vida era mucho más que una serie de reacciones físico-químicas y no podía ser explicada mediante leyes mecánicas. La vida estaba organizada por una fuerza superior, la fuerza vital, que no sólo organizaba, también coordinaba las actividades que se desarrollaban en cada ser vivo. Su transmisión a los hijos era objeto de muchas elucubraciones y un tema pendiente de la ciencia de entonces.

Según el vitalismo, la química de los seres vivos consistía en una serie de reacciones de compuestos especiales en los que de modo inefable radicaba la vida. Eran sintetizados exclusivamente por los mismos seres orgánicos, siendo imposible sintetizarlos en laboratorio, pues nunca se les podría insuflar su capacidad de generar actividad biológica. Puesto que eran los compuestos de los organismos vivos, su estudio constituyó la química orgánica, diferente de la que estudia los seres inertes, que recibió el nombre de química inorgánica.



ESTRUCTURA DE COMPUESTO ORGÁNICO

Conceptualmente, el vitalismo sólo permitía el desarrollo de los estudios descriptivos, pues en cuanto se hacía preciso recurrir a aspectos mecánicos, físicos o químicos para interpretar una función, aparecía la idea de la fuerza vital, que impedía y obstaculizaba todo intento investigador.

Esta doctrina tuvo sus defensores en los siglos XVII y XVIII. A principios del siglo XIX comenzó a decaer perdiendo adeptos hasta llegar al siglo XX en que, salvo alguna escuela alemana, ya nadie tenía en cuenta el vitalismo por varias razones.

Una de ellas, y no la menos importante, es que en el año 1828, y contra uno de sus principios doctrinales, se sintetizó urea en laboratorio. Hubo que despedirse de la idea, esencial en el vitalismo, de que los compuestos orgánicos sólo se sintetizan mediante el metabolismo de los seres vivos, nunca en laboratorio. Al poco tiempo de haberse sintetizado la urea, hubo muchas más substancias propias de los seres orgánicos, que también fueron sintetizadas en laboratorio.


ESTRUCTURA MOLECULAR DE LA UREA
Por otra parte, muchos de los fenómenos y procesos biológicos, anteriormente atribuidos al vitalismo, a comienzo del siglo XX eran perfectamente explicables mediante leyes físico-químicas. Se suponía que los fenómenos que permanecían sin explicar, pronto lo serían conforme progresasen los conocimientos generales, como ocurrió.

Hoy vemos al vitalismo como algo romántico, sin base científica, pero con muchas posibilidades de generar teorías populistas basándose en la falsedad de presentar hechos supuestamente probados por la ciencia, pero sin decirnos nunca ni dónde se han probado ni dónde están publicados tales resultados.

También, cómo no, estos falsos científicos se basan en la bondadosa, y siempre pusilánime, credulidad de muchos.