viernes, 28 de diciembre de 2012

ANIMALES SIN COSTUMBRES ASESINAS

Veo en televisión un programa sobre Naturaleza y hablan de "costumbres asesinas" en los animales. Mientras, se ofrecen al espectador imágenes de animales atacando y persiguiendo a sus presas.
PREDADOR CON SU PRESA
Pienso que no se debe hablar de un modo tan fuera de lugar, pues es necesario ir con cuidado para dar a las cosas, y a los procesos, el nombre que les conviene. En la Naturaleza no hay asesinos, pues nadie mata a nadie con premeditación, alevosía ni con otras finalidades perversas.
Eso sólo es patrimonio del hombre, pues en la Naturaleza se mata para vivir, para nutrirse. Y nada mas. Ni siquiera hay muertes que pudiéramos calificar como "en defensa propia". Para defenderse, los seres vivos han desarrollado mecanismos que "enseñan" a quienes les atacan que conviene no repetir la agresión. Para conseguirlo, provocan que en sus posibles predadores aparezcan los oportunos actos que genéricamente conocemos como reflejos condicionados.
ORTIGA. PRODUCE REACCIONES
ALERGICAS
En algunos vegetales, aparentemente indefensos, no son pocos los agentes bioquímicos que provocan reacciones de tipo alérgico en los animales herbívoros que intentan comerlos: los efectos urticantes de las ortigas y de espinas de algunos cactus funcionan de esta manera. Del mismo modo, las agujas de silicio o de carbonato presentes en no pocas gramíneas, les pueden servir para satisfacer esas necesidades de defensa. Por no hablar de otros mecanismos más complicados, como sería el de aquellas especies que, si bien son inofensivas, adoptan morfologías semejantes a las de otras especies poseedoras de mecanismos de defensa (se conocen como mimetismo estos tipos de defensa). Pero ninguna planta tiene mecanismos que maten a su posible predador, cuando menos en las dosis en que éste la come. Otra cosa ocurre cuando el hombre se mete por medio de todo, aplicando sus conocimientos (con todos mis respetos, diré que suelen ser un desastre). Capítulo aparte lo constituyen las plantas carnívoras, que deben ser consideradas como predadoras.
MIMETISMO
También en animales aparecen mecanismos de defensa, que básicamente consisten o en escapar o en esconderse. Hay animales que corren mucho, pudiendo desarrollar velocidades asombrosas. Otros no corren a gran velocidad, pero lo hacen describiendo trayectorias sinuosas, o suben a los árboles, o hacen cosas raras con tal de conseguir huir de su perseguidor. Hay animales que no escapan y, para librarse de sus predadores, o se esconden o se disimulan gracias a coloraciones especiales que hacen que, de permanecer quietos, sea difícil distinguirlos del entorno (se llaman crípticas las coloraciones de este tipo).
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Los animales necesitan comer por dos razones fundamentales. La primera de ellas es obtener la energía que les llega contenida en las moléculas biológicas presentes en cuanto comen. La otra razón que tienen los animales para comer es la obtención de esas mismas moléculas biológicas para construir con ellas las estructuras necesarias para su propia vida.
A veces no nos damos cuenta de que, a causa de la alimentación, hay moléculas que hoy forman parte de cada uno de nosotros, pero que hace unos pocos días formaban parte de aquellos seres que nos sirvieron de alimento. Una molécula de glucosa, por citar un caso, sintetizada por un vegetal y que fue almacenada en el mismo en forma de almidón, a los pocos días puede estar en nuestro organismo realizando funciones biológicas nuestras. Un argumento similar es válido si hablamos de grasas o de aminoácidos, los formadores de las proteínas. Lo que un predador obtiene de su presa son las moléculas constitutivas de su propia materia y, contenida en ellas, la energía necesaria para realizar las propias funciones vitales.
CARRERA FRENÉTICA
Los animales consiguen sus alimentos mediante la caza, que para ellos representa una necesidad vital. De no cazar, se irían extinguiendo. Gracias a la energía que reciben con la caza, además de realizar todas las actividades vitales que deben realizar, y que le aprovechan a él mismo, tienen que ejercer las funciones relativas a la reproducción, contribuyendo de este modo al mantenimiento de la población a la que pertenecen. Esa, la de la reproducción, es una actividad que tiene que realizar cada individuo y que, generación tras generación, se traduce en el mantenimiento de la especie.
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En los humanos existe una costumbre, que viene de la Edad Media, que consiste en enjuiciar las prácticas animales como dictadas por virtudes o vicios, sin tener en cuenta que tanto virtud como vicio son componentes de la conducta humana y de cada una de sus múltiples culturas. Se nos ha enseñado a admirar a las hormigas por laboriosas, a odiar a las serpientes por engañosas, a menospreciar a los zorros por astutos o a los mulos por tercos. Tenemos insultos que hacen referencia a supuestas conductas animales, como zorrería o burrada. En este plan, decimos que es un burro alguien que no se caracteriza por agudeza y llamamos cerdo a quien no es muy limpio. Bajo este mismo concepto, los animales carnívoros son asesinos y, por tanto, no está mal recriminar sus conductas o, incluso, condenarlos a morir, y matarlos. En este caso, deberíamos decir cuál de los dos es el asesino.
PRODUCE REACCIONES ALÉRGICAS
En general, podríamos decir que asesino sería el animal que mata movido por unas motivaciones que serían negativas en caso de ser definidas con criterios humanos.  Pero esas motivaciones están por completo ausentes en las conductas animales. En su mundo se mata para vivir o para sobrevivir, como se prefiera decir. Los biólogos no hablamos ni de conductas criminales ni de los asesinatos que se perpetran en la Naturaleza, porque no hay nada ni de una cosa ni de otra.
De esas conductas y motivaciones sabemos mucho los humanos, que precisamente nos consideramos civilizados.