sábado, 26 de enero de 2013

Pregón de Semana Santa, Santiago de Compostela, 1998


En el año 1998 pronuncié el Pregón de la Semana Santa de Santiago de Compostela. Como pregonero, me correspondió presentar el Programa de Actos de dicha Semana. Ésta es esa presentación. El pregón lo publicaré un día de estos.

UN AÑO MÁS
A lo largo del año vivimos envueltos en un montón de asuntos supuestamente importantes, pretendidamente inaplazables. Tal vez, pasado un tiempo ni recordamos cuáles habían sido esos asuntos. Si, cada día viene con su preocupación, con sus asuntos, siendo muy posible que ni tiempo tengamos para reposar y reflexionar de cuando en cuando. Porque la vida va transcurriendo.
Por eso, a veces es interesante que sepamos cerrar los ojos, desconectar con el mundo para refugiarnos en nuestro interior sin otra compañía más que la nuestra, pues puede ser que necesitemos reflexiones para después acomodar a nuestra vida a nuestros deseos. Siempre tenemos asuntos a los que es preciso dar soluciones de una vez por todas, ni son desdeñables las preguntas formuladas a las que, aún, no encontramos respuesta adecuada y, en resumen, no es poco lo que tenemos que actualizar si queremos seguir por la vida con una cierta coherencia humana.
Hay fiestas, celebraciones o como se les quiera llamar, que son muy propicias para estas reflexiones. Una de ellas es esta que está en puertas, la Semana Santa. Un año más, los nazarenos llegarán al centro de nuestra ciudad desde sus cuatro esquinas y pasarán por las rúas entre los colores de sus túnicas, rojo, azul, blanco o negro, dejando tras de sí un entrañable olor de flores mezclado con el de las velas. Un año más veremos a Nuestra Señora de la Quinta Angustia por su barrio, a Nuestro Señor Flagelado por la Calderería abajo entre compostelanos que lo acompañan y Nuestra Señora de la Soledad volverá a llorar con su dolor entre cientos de personas que no la quieren dejar sola.
Se trata de una tradición que no es nueva, que tiene su historia. Y así, junto con cofradías antiguas, algunas de ellas existiendo ya en el siglo XV y la mayoría de ellas fundadas en el XVIII, recorrerán las rúas otras que nacieron en nuestros días pero ya con sitio propio en la Semana Santa de Compostela. Unas cofradías formadas en la actualidad por personas sin más pretensiones que la de dar testimonio de sus creencias en unos misterios y de una actitud personal ante ellos. Pero que sin pretenderlo, es posible que sin darse cuenta, que están conservando otro aspecto del patrimonio compostelano como son las cofradías y sus imágenes, salidas de las manos de egregios escultores, y que también forman parte de nuestra historia más entrañable.
El primer plenilunio de primavera volverá a ver el transcurrir de procesiones por rúas acostumbradas a servir de marco tanto a cortejos reales como a otros más humildes, pero no por eso menos dignos, menos enraizados en la vida cotidiana de Compostela. A lo largo de la semana, viendo el transcurrir de las cofradías, a veces nos parecerá que el tempo no pasa, pensaremos que fue ayer mismo cuando estábamos en los mismos sitios, en las mismas esquinas, atendiendo a los mismos detalles. Pero no nos dejemos engañar, el tiempo pasa incluso entre estos retazos de eternidad que es nuestra Compostela. Y vemos cómo transcurre todo esto. Testigos afortunados de que la vida siga contando con nosotros, y puede que al abrigo de tanta hermosura y encanto como encontraremos en más de una ocasión, tendremos alguna vez la oportunidad de adentrarnos de valiente en los rincones más íntimos de nuestro interior para ver cómo andamos en relación a muchos asuntos, pues puede ser que desde hace mucho, lo cotidiano no nos deje ver lo trascendente.
Una oportunidad de reflexión profunda, eso puede ser para muchos esta Semana Santa que una vez más llega en los albores de la primavera. Pasaremos estos días metidos en fiestas, celebraciones religiosas, encuentros familiares, pasando entre dos coordenadas sentimentales tal vez contrapuestas. Pues la Semana empieza con ritos que parecen juegos de niños, como son la bendición de palmas y ramos y la procesión de la Borriquita con romanos y judíos, y termina con una gran pregunta a la que cada uno debe dar una respuesta personal para ajustar su vida a ella: ¿Resucitó Jesús?
Solamente deseo a mis convecinos, y a mi mismo, que en estos días sepamos desconectar los cantos de sirenas y que olvidemos un poco los mandos a distancia. Después, que busquemos el tiempo y el sosiego necesarios para volver a buscar la respuesta personal a la pregunta crucial. Y que tengamos la valentía que es preciso tener para ajustar la vida a nuestra respuesta.