lunes, 14 de diciembre de 2015

Como una Diosa. Milano Negro.

Tanto este blog, Los ojos del husky (http://ojos-de-husky.blogspot.com.es/) como su autora, Milano Negro, me evocan el campo. Un campo buscado, querido, respetado, conservado. Hace tiempo que tenemos una buena relación, cordial, desde las primeras palabras que nos cruzamos por causa de una alergia de Inuki. El malestar se fue, pero la amistad se hizo más y más intensa. Le agradezco este soplo de aire soriano que ha regalado al Paseante silencioso con motivo de su cumpleaños.






Peleando con Inuki

Suelo pasear a Inuki, mi husky, por un camino donde crece un gran roble. Cada otoño veo como la mitad de las bellotas acaban aplastadas por los coches; así que se me ocurrió recoger unas cuantas para sembrarlas en algún sitio desarbolado. Entonces consulté a un experto cómo y cuándo debía hacerlo y, viéndome tan entusiasmada, decidió enviarme otras semillas. (Bonito detalle que, por inesperado y espontáneo, fue como un regalo) De forma que, ahora, dispongo de más variedades para reforestar. Estupendo.
—Inuki, fíjate qué mañana tan soleada. ¿Te apetece que vayamos a plantar árboles? —se acerca con un trotecillo alegre—. ¿Mueves la cola? Eso es un sí, pues andando.
Para la repoblación he escogido una pequeña colina orientada al Sur donde no falta el agua. Con una azadilla excavo un agujero, deposito tres bellotas y luego las entierro. Inuki me observa y, de repente, él también se pone a excavar con furia
    ¡Quieto, perro loco! —exclamo entre risas porque me ha cogido por sorpresa y me ha llenado de tierra—. ¡Qué bien se te da cavar hoyos, Perry!  Vas más rápido que yo.  ¿Me haces unos cuantos, por favor?

Sembrando

Inuki se va y sigo con mi tarea, sembrando cada diez metros más o menos hasta que se acaban las semillas. Pasa un vecino y me saluda.
—Buenos días. ¿Dónde vas con una azada? ¿A buscar setas?
— ¡No, hombre, qué va! Voy a esconder un tesoro.
— ¿Tienes un huerto por aquí? ¿Qué haces?—Insiste.
—No, es un secreto. Voy a hacer un trabajito… a enterrar un cadáver —susurro y le guiño un ojo en señal de complicidad.
Me he despistado un minuto hablando con el señor  y, mientras, Inuki ha descubierto una liebre y ha echado a correr loma arriba.
    ¡No, Inuki, las liebres son amigas, déjala en paz! —grito siguiéndolo a la carrera—. ¡Vuelve! ¡No te portes lobo! —Se detiene, me mira y regresa—. Buen perro.


Inuki vuelve

   - Inuki, solo es legítimo matar para defenderse o comer, y como tú tienes comida, no está bien que caces. Quitar la vida a otro ser es algo triste, he tenido que decidir quitarle la vida a dos animales y, aunque fuera para evitarles una agonía lenta, resultó muy desagradable. En cambio, me siento orgullosa de haber rescatado cigüeñas, lagartos, vencejos, mininos…
De joven vi un grupo de gatos acorralando un halcón contra una pared, sin pensarlo dos veces, ahuyenté a los gatos, cogí al pájaro y me lo llevé a casa. Durante meses lo estuve cuidando hasta que volvió a recuperar las plumas que le habían cortado y, cuando ya fue capaz de volar, lo solté en la sierra.
Verlo levantar el vuelo, brindarle la libertad, devolverle la vida fue una experiencia incomparable. Siempre es mejor dar la vida que quitarla, ¿sabes, Inuki? No entiendo las aficiones como la caza o los toros; yo nunca mataría por diversión, siempre preferiré contribuir a la vida en lugar de provocar la muerte.
Regreso a casa tranquilamente, estoy cansada, las mejillas coloradas por el sol y el aire, pero no me importa porque me encanta salvar animales o convertir una colina desnuda en una arboleda que se llenará de pájaros y de otra fauna.

 Bajo el arco iris

Soria verde

— ¿Te has divertido, Inuki? Yo sí, estoy la mar de satisfecha, me siento… —busco una palabra adecuada—, ¡me siento como una diosa! Sí, como una diosa de la Naturaleza que regala la vida, que crea bosques y bellos paisajes.
El husky me mira atento abatiendo una oreja en señal de duda.
— ¿No te parezco una diosa? Pues hay una diosa en mí, que lo sepas. No me desafíes que te convierto en margarita, ¿eh?
Inuki ladra y salta huyendo que mí que lo persigo muerta de la risa preguntándole si prefiere ser una orquídea.

 Te convierto en mariposa